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Carta de George Carlin.

“Las Paradojas de nuestra vida”

... La Paradoja de nuestro tiempo es que tenemos edificios más altos y temperamentos más reducidos.

... Carreteras más anchas y puntos de vista más estrechos.

... Gastamos más, pero tenemos menos.

... Compramos más, pero disfrutamos menos.

... Tenemos casas más grandes y familias más chicas.

... Mayores comodidades y menos tiempo.

... Tenemos más grados académicos, pero menos sentido común.

... Mejor conocimiento pero menor capacidad de juicio.

... Más expertos, pero más problemas.

... Mejor medicina pero peor bienestar.

... Bebemos demasiado, fumamos demasiado, despilfarramos demasiado, reímos muy poco.

... Manejamos muy rápido, nos enojamos demasiado.

... Nos develamos demasiado, amanecemos cansados.

... Leemos muy poco, vemos demasiada televisión y oramos muy rara vez.

... Hemos multiplicado nuestras posesiones, pero reducido nuestros valores.

... Hablamos demasiado, amamos demasiado poco y odiamos muy frecuentemente.

... Hemos aprendido a ganarnos la vida pero no a vivir.

... Añadimos años a nuestra vida, no vida a nuestros años.

... Hemos logrado ir y volver a la luna, pero se nos dificulta cruzar la calle para conocer a un nuevo vecino.

... Conquistamos el espacio exterior, pero no el interior.

... Hemos hecho grandes cosas, pero no por ello las mejores.

... Hemos limpiado el aire, pero contaminamos nuestra alma.

... Escribimos más. pero aprendemos menos.

... Planeamos más, pero logramos menos.

... Hemos aprendido a apresurarnos pero no a esperar más.

... Estos son tiempos de comidas rápidas y digestiones lentas.

... De hombres de gran talla y de cortedad de carácter.

... Hoy en día hay dos ingresos, pero más divorcios.

... Casas más limpias, pero hogares más rotos.

 

 

 

Cardenal Gomá.

“Decálogo sobre la educación de los hijos”

1. Nunca exigir de los hijos lo que antes no haya practicado el padre con su buen ejemplo.

2. Pensar bien lo que se manda, y no mandar ni corregir con arrebatos ni con gritos.

3. Exigir siempre una obediencia pronta, sin réplica ni contradicciones.

4. Dar a los hijos verdaderas pruebas de cariño y exigirles el debido respeto.

5. Evitar a todo trance cualquier desavenencia entre el padre y la madre delante de los hijos.

6. Acostumbrar a los hijos, desde pequeños, al trabajo y vigilar mucho los compañeros que tengan.

7. Encomendar los hijos a Dios todos los días, y hacer que ellos también se encomienden.

8. No concederles nada de lo que pidan a gritos, con ceño o refunfuñando.

9. Reprenderlos con dulzura y castigarlos con sangre fría, no en el momento de su ira, sino cuando hayan recobrado la calma.

10. No enseñarles la ira y la venganza contra la piedra en que tropezaron.

 

 

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